Érase una vez un joven que presumía de tener el corazón “más hermoso del mundo”. Lo enseñaba muy orgulloso, porque sabía que su corazón era hermoso, perfecto en su forma, bellísimo.
Y todo el que lo veía decía: "Es cierto, es el corazón más hermoso que he visto jamás". Todos se asombraban de lo hermoso que era el corazón de aquel joven.
Pero un día, mientras el joven presumía de su hermoso corazón, llegó un señor mayor y dijo: "Mi corazón es más hermoso que el tuyo".
El joven, se asombró y exclamó: "¿Cómo puede ser que me digas esto?, ¿Has visto mi corazón? Es joven, perfecto... es hermoso".
Y todos los que estaban allí le dieron la razón.
Entonces el hombre enseñó su corazón. Estaba viejo y arrugado, lleno de cortes y heridas mal cerradas. Le faltaban pedazos que habían sido rellenados con otros trozos.
El joven sólo pudo sentir lástima del corazón del viejo.
-"¿Lo ves? Tu corazón está muy maltrecho, en cambio el mío es perfecto", exclamó.
Y el hombre respondió: -"Mi corazón está así porque lo he compartido. Me lo han roto y se ha recompuesto como ha podido. He entregado partes de mi corazón a quienes lo necesitaban y cuando lo he necesitado me han dado pedazos de otros corazones. Mi corazón es hermoso."
Y el joven lo entendió, y dijo: "Tienes razón. Tu corazón es el más hermoso del mundo", y se arrancó un pedazo ofreciéndoselo a aquel hombre. El lo tomó, arrancó un trozo del propio y puso en su lugar el pedazo de corazón del joven. El joven colocó el pedazo del corazón de este hombre en el hueco que tenía el suyo. Los pedazos no encajaban, pero cubrieron los huecos.
El joven le dio las gracias porque por fin su corazón empezaba a ser hermoso verdaderamente.*
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